MÁS CALLEJAS QUE CUENTOS

MÁS CALLEJAS QUE CUENTOS

 

 

JUSTIFICACIÓN

Por séptimo año consecutivo el Club de Lectura “Leo y Sueño” de la Biblioteca de El Carpio, organiza una ruta por la ciudad de Córdoba con motivo de las fiestas navideñas.

Jornada de convivencia entre los socios del club, así como, un motivo para intercambiar experiencias con los participantes, con el fin de, a través de la investigación y las lecturas, dar a conocer autores, patrimonio artístico, cultural y natural de nuestra ciudad.

Este año, con MÁS CALLEJAS QUE CUENTOS, descubriremos algunas de las numerosas Callejas de la ciudad de Córdoba.

¿Conocemos realmente el significado de las callejas, el por qué de estás estrechas vías? Se trata de azucaques o adarves de origen hispano-musulmán, calles de las que nos consta su existencia desde los tiempos de la Córdoba Musulmana.

Los adarves hispano-musulmanes eran unas calles o callejas sin salida que conducían a una casa o a un grupo de ellas y que, por lo general, disponían de un portón situado al principio de la calleja, junto a la calle principal, puerta que era cerrada al anochecer como mediada de seguridad.

Córdoba es una ciudad de silencio, de contemplación y melancolía.

Ninguna ciudad española tiene como ésta

Un encanto tan profundo en sus callejas,

Herederas del sentido intimista de la vida y los hogares,

Estrechas y tortuosas vías que legaron a la posteridad emires y califas.

Manuel Ramos Gil

DESTINATARIOS: Club de Lectura LEO Y SUEÑO, público adulto, juvenil e infantil.

PROGRAMA:

  • Fecha: 4 de enero de 2020
  • Lugar: Ciudad de Córdoba.
  • Salida de El Carpio: 09:00 h., hotel Macami.
  • Horario salida ruta desde Córdoba: 10:00 h.
  • Lugar de salida: Cruz del Rastro.

Curro nos ilustra sobre esta cruz tan popular de Córdoba

Situación

Plaza situada al final de la calle San Fernando y en la que también desembocan las calles Caldereros y Lucano. En su extremo sur sirve de límite entre el paseo de la Ribera y la ronda de Isasa.

Historia

Resultado de imagen de cruz del rastroPlaza de la Cruz del Rastro

La Hermandad de la Caridad decidió colocar una cruz en este lugar para conmemorar la matanza de judíos y conversos de 1473, ocasionada por un suceso acaecido durante una procesión de la Virgen. Cuenta la leyenda que la sangre de las víctimas dibujó un pequeño camino en el suelo, creándose un pequeño riachuelo que dejó un marcado rastro, llegando éste hasta una pequeña llanura al borde del río, colocándose ahí la primera de las cruces instaladas, la cual fue reemplazada en el año 1814, permaneciendo la siguiente hasta el año 1852, cuando fue demolida por las obras del murallón

La actual cruz fue implantada en el año 1927, diseñada por el arquitecto Carlos Sáenz de Santamaría fue construida en los talleres de Álvarez Salas, y bendecida por Carlos Romero Berral.

Aunque la leyenda popular atribuye el nombre de la Cruz al rastro de sangre dejado por las matanzas, en realidad se le denomina “Rastro” por la existencia de un rastrillo que hubo en esta zona hasta el año 1568, fecha en la cual fue traslada al Puente Romano en el Campo de la Verdad.

En la década de 1940, hubo un surtidor de aprovisionamiento de combustible en la Plaza de la Cruz del Rastro.

La Cruz del Rastro no se colocó al final de la calle San Fernando por casualidad. Inaugurada en 1927, poco antes de la República, se levantó en recuerdo de un trágico suceso vivido en Córdoba siglos antes, cuando aún no existía la actual Ribera y la fe religiosa era un asunto de vida o muerte. La memoria histórica, documentada por un registro aparecido en los protocolos de Córdoba, recuerda que en el año 1473, en plena Edad Media, tuvo lugar una cruel persecución de judíos conversos que, a pesar de haber cambiado de confesión para convertirse en católicos, provocaban el resquemor entre los cristianos por acaparar las mejores retribuciones. La conversión se convirtió en una excusa para perseguir a antiguos judíos, más por una cuestión de celos que por preceptos del Catecismo. Cuentan los historiadores que “durante una procesión que circulaba por la calle de la Feria, una niña lanzó desde la casa de un converso agua que fue a caer a la imagen de la Virgen. Se propagó la noticia de que eran aguas menores lanzadas como desprecio a la fe católica, lo que acabó en un gran caos social en el que se registraron en Córdoba violaciones, robos e incendios en las casas de los conversos. Los daños y la persecución obligó a muchos a emigrar”.

Casi cinco siglos más tarde, el párroco Carlos Romero Berral, conocido por ser inventor de la Cabalgata de Reyes Magos, bendijo la Cruz del Rastro, obra del arquitecto municipal de la época Carlos Sáez Santamaría. La cruz, homenaje a las víctimas de aquel suceso, debe su nombre a la originaria ubicación de un rastrillo en la zona donde se produjo el incidente. Construida en los talleres Alvarez Salas, “ocupó por primera vez el lugar al que mañana está previsto que vuelva el mismo día en que unas calles más arriba se inauguraba el Jardín de los Plateros, ahora conocido como Compás de San Francisco”, recuerda el cronista de la ciudad, Miguel Salcedo. En plena sociedad multicultural donde, dicen, vuelve a brotar la xenofobia, no está de más reponer un símbolo visible contra la intolerancia.

LECTURAS:

  1. Felisa Sánchez Agreda:
  • CALLEJA DEL POSADERO

RUTA de las CALLEJAS

Pocas ciudades del mundo tienen declarado todo su casco histórico Patrimonio de la Humanidad. Córdoba es una de ellas.

Está lleno de callejas, callejuelas y callejones repletos de llamativos detalles que van desde el singular pavimento llamado “chino cordobés” a la vieja columna de otro tiempo empotrada en una esquina. Desde la sencillez de la cal de una humilde vivienda a la piedra labrada de una casa señorial. Los nombres de esas callejas también nos hablan del pasado. Nombres que resuenan en nuestros oídos con ecos cargados de historia.

Callejas en las que en otro tiempo se desempeñaron determinadas actividades, vivieron en ellas vecinos reconocidos, se desempeñaron actividades hoy desaparecidas o gentes que tenían en común, amén de la vecindad, el desempeño de un mismo oficio.

Sus nombres también nos dejan numerosas interrogantes cuyas respuestas nos gustaría conocer. ¿Estaban privados de la vista los vecinos de la Calleja de los Ciegos? ¿Por qué una de ellas recibe el nombre de los Afligidos?. ¿Qué o quién sería la Pimentera que dejó su nombre a una calleja cordobesa? ¿Qué nos quiere decir el nombre de Amortajados con que se nombra otra de ellas?….

Deambulando desde muy temprano con un frío maravilloso adornado de sol, degustamos el sabor de estos rincones y callejas llenos de pasado que se funden con el presente, con incógnitas y leyendas que te hacen vibrar.

La Calleja del Posadero, es la segunda calleja de la calle Mucho Trigo, desemboca en una minúscula plazuela, en la que haciendo honor y homenaje al viejo rótulo del “Posadero”, en tiempos reciente se ha procedido a la apertura de un bello hotel con encanto, restaurándose a tal fin una casa de estilo mudéjar del siglo XV.

Esta barrera, de forma ligeramente curvada, ya era conocida con el título de “Calleja de los Posaderos” a principios del siglo XVI,  según resulta de cierto padrón elaborado en el año 1509, referente al barrio de San Nicolás de la Axerquía.

2. Mariló Sánchez Agreda:

  • CALLEJA DEL TORIL

Corría el siglo XVI cuando en nuestra ciudad se distinguía entre la gente de vida libertina y relajada y Don Clemente de Cáceres. Este se entregaba a continuos galanteos y amoríos sin importarle arrollar todo lo que se oponía al logro de sus deseos…

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Las mujeres le temían, los maridos le odiaban y los padres hierros ponían en las ventanas, temerosos que sus hijas pudieran ser deshonradas por este miserable. Alardeaba de las mujeres que habían caído a sus pies ya fueran casadas, solteras o viudas. Y las apuestas corrían entre sus amigos a ver que señora caía esta vez en sus redes.

Muchas fueron las personas ofendidas por sus frivolidades y se hizo muchos enemigos en la ciudad, profesándole el odio más encarnizado aguardando la ocasión para poder vengarse. Una noche, de las muchas que salía en busca de conquista, iba por la plaza Cedaderos dirección a la calle Toril sin escuchar más ruido que el roce de sus armas con su ropa, cuando advirtió dos embozados de larga capa que al parecer salieron de la calle Juramento. Cuando ya se había adentrado en Toril, se oyó un silbido y de pronto aparecieron dos hombres que entraron al Toril por plaza de la Almagra… Comprendió Don Clemente que se trataba de una emboscada, aceleró el paso para salir por la plaza de la Corredera sin saber que allí mismo le esperaban dos hombres embozados más. Eran seis hombres armados los que acechaban al joven y sin salida se arrinconó en el quicio de la puerta de la ermita. Allí mismo se preparó Don Clemente, que sacando su espada se dispuso a vender su vida a cambio de matar cuántos pudiera… ¡ NO LE QUEDABA OTRA¡. En sus oídos se agolparon los latidos de su corazón acelerado, los minutos se hicieron horas y su vida pasó ante sus ojos… una visa llena de agravios que había cometido. Mientras la luz de la luna se encargaba de dar brillo a los seis aceros que se preparaban a hundir sus puntas en su pecho, apoyando su espalda en una puerta que caía a la Ermita de le Ángeles, en el mismo callejón y viendo su muerte segura gritó:¡ Ven en mi socorro, madre del alma¡.

Acordándose de la pequeña imagen que tanta veces había visto al pasar sin prestar atención… La puerta de la ermita se abrió por arte de magia cayendo de espaldas a dentro… Quedó solo en la ermita, mientras sus asesinos quedaron en la calleja que al encontrarse burlados intentaron abrir la puerta… una vez forzada y abierta vieron que la hermosa imagen lo amparaba con su manto. Nada hicieron ya que estaba en acogido sagrado, bajo la protección de la iglesia.

El joven libertino Don Clemente de Cáceres viendo lo que había ocurrido y que la virgen le había dado la oportunidad de cambiar, convirtió su vida licenciosa por la de un hombre honrado fundando la Hermandad de Nuestra señora del Socorro en Córdoba, siendo uno de los más fervorosos cofrades.

  • PARADA EN LA LIBRERÍA “LA PALABRERÍA”

3. Mª Carmen Solís Gavilán:

  • CALLEJA DE GRAGEA

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La calle Gragea es una calleja sin salida que se encuentra en el barrio de San Francisco – Ribera y a la cual se accede a través de la calle Lineros.

El origen de la calle parece que se encuentra en el papel que llevaron a cabo los hermanos Ruiz de Gragera y Alonso Fernández Gragera que participaron junto a Fernando III en la conquista de Córdoba, tal y como reza un documento encontrado en archivos:

“…y hoy dia se llama la calle de gragera la calle adose aӡzen las agujas junto a la plaӡzuela del potro por aber sido subarrio….”

Es de suponer que con el tiempo el nombre originario de Gragera derivara a Gragea.

 4. Leo Fernández Suárez:

  • CALLEJA DE PAN Y CONEJO

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CALLEJA DEL POSTIGO DEL MARQUÉS DEL CARPIO

Unos metros más abajo, nos encontramos con otro bello ejemplar de calleja-barrera llamada de Pan y Conejo, curioso nombre, quizás alusivo al apodo de algún residente. En la actualidad, un bello torreón granítico escolta el paso a quien se aventura por esta calleja que nos introduce a la Córdoba más señorial. En efecto, en padrones del siglo XVII, la hemos visto titulada como la  “calleja del Postigo del Marqués del Carpio”; de hecho, a través de una rampa escalonada, la estrecha vía nos introduce en una plazuela de reducidas dimensiones, presidida por una portada de piedra arenisca con el escudo de los Sotomayor, señores del Carpio y Morente, después Marqueses del Carpio. Se trata de un acceso secundario a las Casas Principales de estos nobles cordobeses, utilizadas para la entrada del  servicio y, probablemente, también como entrada a las caballerizas.

En este sentido, hemos de recordar la importancia que en la Historia del caballo español y andaluz han tenido los titulares de esta Casa Señorial, pues fue don Diego López de Haro y Sotomayor, residente en esta casa el creador de las Caballerizas Reales de Córdoba y del Caballo español de pura raza.

5. Mª de Torres:

  • CALLEJA DE LOS ARQUILLOS

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Calle Arquillos:

CONFERENCIA DE RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL.-

El 20 de mayo de 1951, en el salón de Actos de la Diputación prov de Córdoba, el Excmo Sr D Ramón Menéndez Pidal (Presidente de la Real Academia Española en aquel momento(lo fue 2 veces)), pronuncia una conferencia con motivo de la reapertura de la calleja de los Siete Infantes de Lara en la calle de Las Cabezas (Córdoba), (se colocó una Lápida conmemorativa). Al final del acto, Enriquez Barrios, en nombre de la Real Academia Cordobesa, le impuso la medalla de Académico de Honor, distinción única concedida hasta esa fecha por dicha corporación.

Esta conferencia fue publicada por la comisión organizadora  con motivo de la XXVIII Feria del libro de Córdoba. (En 2020 es la 47 feria del libro, del 17 al 26 de abril).

Rafael Gago Jiménez, en dicha publicación habla de los antecedentes Históricos de este hecho: Hubo muchas vías que por diversas razones (epidemias, higiene, o apropiación) pasaban a propiedad particular. Esta calle no fue pública durante más de tres siglos.

Se descubrió que esta calleja pertenecía al Municipio, gracias a la investigación de Enrique Romero de Torres en diciembre de 1949, éste recordaba haber curioseado por las rendijas de la puerta que impedía el acceso a esta calleja cuando era niño. (Enrique Romero de Torres había sido director del museo de Bellas Artes hasta 1941, año en que pasó a ser director honorario. Murió en Mayo de 1956)

Según Rafael Gago, En el archivo municipal se conservan acuerdos capitulares, desde 06/10/1553 hasta septiembre de 1654, en los que se autorizaba a un propietario para poner en la portada de su casa siete cabezas, diciendo que son las de los Infantes, y para cerrar la calleja y ponerle puerta. Por lo que se sabe que fue en esta época cuando pasó a ser privada. Después sobre la puerta que cerraba la calleja, se levantó un tabique que le hizo perder por completo su arquitectura callejera desde fuera.

Enrique Romero de Torres comprobó que las casas limítrofes a la calleja formaban parte de un palacio descrito por Ambrosio de Morales. Los primitivos arquillos de la calleja eran de herradura, y los restantes perdieron su traza morisca. Se procedió a la restauración una vez comprobado que la calleja pertenecía al Municipio.

Menéndez Pidal, a petición del Alcalde (Alfonso Cruz Conde y Conde), redactó la inscripción que se grabó en la placa conmemorativa:

DOS INSIGNES HISTORIADORES CORDOBESES, ABEN HAYAN, AMBROSIO DE MORALES,

Y UN CANTAR DE GESTA CASTELLANO NOS DICEN QUE EN EL AÑO 974

EN ESTA CASA ESTUVO PRESO EL SEÑOR DE SALAS GONZALO GUSTIOZ

Y QUE LAS CABEZAS DE SUS HIJOS LOS SIETE INFANTES DE LARA,

MUERTOS EN LOS CAMPOS DE SORIA, FUERON EXPUESTAS  SOBRE ESTOS ARCOS.

VERDAD Y LEYENDA VENERABLE, DE FAMA MULTISECULAR EN TODA ESPAÑA.

Nos dice Ramón Menéndez Pidal =

Que Ambrosio de Morales dice: “En Córdoba hay hasta agora una casa que llaman de las Cabezas, cerca de la del marqués del Carpio, y dicen tomó este nombre por dos arquillos que allí se ven todavía, sobre que se pusieron las cabezas de los Infantes”. –Se conoce que la callejuela estaba muy obstruida con añadidos que impedían ver más de dos arcos.

Sin embargo en un artículo del periodista Rafael Gago, publicado en el diario Córdoba (14/12/1949), decía que escudriñando la calleja se podían contar seis arcos. En otro artículo del 14/04/1950 dice que hay que derribar obstáculos que dificultan la visión de los últimos arcos; un tercer artículo de 12 de agosto se lee que una vez dejado exento un elegante arco de ladrillo que hace el número seis, se restaurará el séptimo, muy destrozado, pero del cual se conservan los arranques.

Nos dice Menéndez Pidal que según el “expertísimo” juicio de don Manuel Gómez Moreno la estructura de tales arcos parece ser árabe.

La calleja pues, en su siete arcos muestra el origen de la tradición: cada arco, según la imaginación popular, habría de tener una de las siete cabezas, y esta invención es anterior al S.XVI en que Morales no veía más que dos arcos. Esto nos indica que estamos en presencia de una tradición medieval, quien sabe de qué antigüedad. La obstrucción de la calleja debió de comenzar en los primeros decenios del S.XVI, cuando la casa llamada de las Cabezas sufrió una gran reedificación. En la niñez de Morales, (1520 tendría 7 años) dicha casa era toda ella de tipo árabe: “Agora todo aquello está labrado de nuevo, más siendo yo pequeño, edificio había allí antiguo morisco, harto rico, y decían haber sido allí la prisión y cárcel donde Gonzalo Gustioz estuvo“.

(((Menéndez Pidal nos dice que tras estudiar numerosas Crónicas guardadas en la Biblioteca Nacional, se ve con toda lucidez las relaciones existentes entre los romances del S. XVI y los cantares de gesta prosificados en las Crónicas de los S. XIII y XIV. Sus estudios de las mismas le sirven así mismo para afianzar la relación entre la leyenda de los Siete Infantes y un relato del ilustre historiador cordobés Aben Hayan (994-1063) que leyó en 1927. (Encontrando en varias de ellas referencias a sucesos relativos a esta leyenda, ocurridos en las vísperas de san Cebrián).)))

La vieja leyenda, tal como la contaba un cantar de gesta prosificado en la Crónica General iniciada por Alfonso el Sabio (1221-1284), comenzaba contando que, en tiempos del conde de Castilla Garci Fernández, se celebraron en Burgos las magníficas bodas del rico hombre Ruy Velázquez con doña Lambra. La alegría de las fiestas se ve malamente turbada por una disputa sobre los deportes caballerescos allí ejercitados; se llega a palabras ofensivas entre la novia y su cuñada, la madre de los siete infantes; ocurren también homicidios; con otras graves injurias que dan origen a una mortal enemistad entre las dos familias. Los llantos desesperados de la novia hacen que Ruy Velázquez, fingiendo reconciliación, envíe a su cuñado Gonzalo Gustioz, señor de Salas, padre de los siete infantes, como embajador a Córdoba, so pretexto de pedir a su gran amigo Almanzor ayuda pecuniaria para atender a los desmesurados gastos que las bodas le habían ocasionado. Le envía con una carta traidora escrita en árabe, en la cual decía al moro que hiciese matar al mensajero, y que después él le entregaría a los siete infantes, grandes defensores de Castilla, induciéndoles a ir en guerra sobre la frontera de Almenar, donde el capitán moro Galbe los podría sorprender y dar muerte. Vista por Almanzor la insidiosa carta, se compadeció de Gonzalo Gustioz y se limitó a hacerle echar en prisión, mandando a la princesa su hermana que guardase y atendiese al prisionero castellano. Y así acaeció que pasando los días se hubieron de enamorar la princesa mora y el señor de Salas, y de ambos nació un hijo, Mudarra, que después fué gran caballero, como la leyenda dirá. Antes de que estas aventuras se realizasen y sabiéndose solo en Castilla que Gonzalo Gustioz cumplía su embajada, Ruy Velázquez invitó a sus sobrinos los siete infantes para ir con él en cabalgada contra tierra de moros en el campo de Almenar. En el camino, el ayo de los siete jóvenes les quiere disuadir de la guerra a la que van, pues ve agüeros (Señal o indicio que se interpreta como el anuncio de un hecho futuro) muy contrarios; pero los infantes se empeñan en seguir adelante y, según el traidor había dispuesto, les sorprende el capitán moro Galbe, les cerca, les rinde, y acuciado por el traidor Ruy Velázquez los degüella, y lleva las siete cabezas a Córdoba. Esta era la costumbre de los ejércitos musulmanes: sus victorias eran anunciadas siempre por carretadas de cabezas de los enemigos vencidos, las cuales eran expuestas sobre las almenas de los muros de Córdoba, y a veces llevadas después a otras ciudades, y hasta enviadas al Africa como testimonio del éxito militar. Las cabezas de los siete infantes son presentadas por Almanzor a su prisionero Gonzalo Gustioz. Esta es la escena de mayor fuerza trágica en la terrible leyenda. Gonzalo Gustioz coge una a una las desfiguradas cabezas de sus hijos las limpia del polvo y de la sangre que las cubría y cumple con cada una el deber ritual hacia el difunto, dedicándole un lamento y un elogio fúnebre.

Toda Córdoba compadecía el dolor del prisionero, y Almanzor le dio la libertad para que volviese a Castilla, llevando consigo las siete cabezas. Gonzalo Gustioz, al despedirse de la princesa mora, sueña en una posible venganza; se quita un anillo, y partiéndolo en dos da a ella la mitad como señal por donde pudiera reconocer al hijo de ambos, cuando fuese crecido y se lo enviase. Allá en Salas, Gonzalo Gustioz arrastra una triste vida, viejo, sin amparo, sin poderse vengar de Ruy Velázquez, quién, a pesar de su traición en convivencia con Almanzor, seguía poderoso y honrado en la corte del conde Garci Fernández.

Así pasaron muchos años hasta que un día llega a Salas el hijo nacido en Córdoba, Mudarra, con 200 caballeros moros, y se dá a conocer mostrando el medio anillo. Pasadas las primeras alegrías del reconocimiento, se dirigen Mudarra y su padre Gonzalo Gustioz a Burgos, y al entrar en el palacio condal, hallan allí con el conde al traidor Ruy Velázquez. Mudarra le desafía y le mata, vengando así la muerte de los siete infantes y la prisión del padre.

Esta leyenda, contada en esta crónica del S. XIII, según un cantar de gesta anterior, tiene un aspecto histórico; dos de sus personajes, el conde Garci Fernández y Almanzor, son conocidamente históricos; tambien narración histórica la consideran las crónicas medievales y lo mismo hicieron los principales historiadores desde los primeros tiempos modernos. Posteriormente, otros historiadores a parir del S. XVIII le niegan crédito al suceso.

La crítica tradicionalista: afirma que la poesía épica de la Edad Media como un género tradicional, cuyas producciones nacen coetáneamente a los sucesos que celebran, y luego se elaboran en el curso de su trasmisión a las generaciones subsiguientes, revistiendo así el carácter de una poesía popular o nacional. (Menéndes Pidal se adscribe a esta postura)

la crítica individualista: afirma que los cantares de gesta nacen mucho después de los sucesos tratados, inspirándose en alguna antigua crónica, algún poema latino o en una leyenda oral.

Según este individualismo las gestas carecen de todo interés histórico, son juegos de imaginación fraguados por poetas tardíos. Por el contrario según el tradicionalismo, la epopeya tiene un profundo valor histórico, pues arrastra siempre consigo materiales de la coetaneidad en que nació.

Según Menéndez Pidal y la teoría tradicionalista aprender a mirar las obras del S. XII como las modernas, es aprender a ignorar que los tiempos y los pueblos son siempre distintos, inconfundibles; es ignorar que hubo épocas de producción literaria generalmente anónima y de gustos colectivos, y que se lleva camino falso queriendo juzgar genéticamente y gustar estéticamente una obra del XII como una del XX, sin penetrarse del esencial primitivismo que anima las producciones de aquellos remotos siglos. De este modo él defiende la historicidad de la leyenda de los Siete Infantes, a pesar de la común opinión de los historiógrafos modernos que, sin especial examen la trataron como leyenda totalmente ficticia.

Menéndez Pidal encuentra una posible interpretación muy plausible tras haber leído al historiador cordobés Aben Hayán, según la cual se distinguen en la gesta dos partes claramente:

1- Una primera mitad con un fuerte sabor realista: las fiestas, las disputas, los altercados, los homicidios en las bodas y en las tornabodas de Ruy Velázquez, la íntima amistad de este rico-hombre castellano con Almanzor, la intervención de Almanzor en las rencillas de los cristianos, los agüeros, superstición militar muy medieval, los incidentes en la cabalgada de la frontera del Duero, la presencia de Garci Fernández y de Galbe… Esto refleja peculiaridades de la vida hispana en los últimos decenios del S.X.

2- Por el contrario la segunda mitad de la leyenda es de tono abiertamente novelesco: la princesa guardiana de un prisionero y enamorada de él, episodio que figura en numerosas ficciones de varios pueblos; el anillo partido en señal de reconocimiento, tema de muchos cuentos; el hijo bastardo vengando el honor de la familia legítima, asunto de varias gestas como la de la Reina calumniada, y otros temas así que se repiten en diferentes relatos.

Dice Menéndez Pidal que hay detalles que le parecen poco creíbles, por ejemplo: era improbable que en Córdoba se aprisionase a un mensajero, atropellando la inmunidad del embajador, que en la cultísima corte califal era escrupulosamente respetada. Aún así mantiene que esta parte contiene mucha parte que tiene buena base histórica, lo justifica poniendo referencias históricas. Nos habla de unos documentos de los monasterios de Cardeña y de Arlanza, y de la Catedral de Burgos, que nombran al padre de los infantes y a su hijo mayor Diego. Por esos documentos sabemos que Gonzalo Gustioz fue poblador de Salas, y que fue potestad o gobernador de la tierra de Juarros, incluida al Norte en la Alfoz de Lara. Los diez documentos pertenecen a los años 963,969,970,971,972,974, y 992. La presencia de Gonzalo Gustioz es, pues, frecuente en la docena de años que va desde 963 a 974, en que el nombre se repite en nueve documentos; después hay un vacío de 16 años en que el nombre no reaparece, hasta que en 992 se halla en el décimo y último documento. Por la convivencia y los sucesos históricos acaecidos en esas fechas, según Menéndez Pidal, es posible que pare de esos 16 años hubiera sufrido prisión en Córdoba.  Aben Hayán nos habla de unos embajadores castellanos que estuvieron prisioneros, pero su historia nos ha llegado incompleta.

Menéndez Pidal nos habla de circunstancias y teorías que hacen pensar a unos y  otros historiadores, así unos mantienen que toda la leyenda es ficticia mientras otros defienden el poso histórico en parte de ella.

Nos dice así mismo que por su parte Córdoba cultivó siempre como propia la leyenda. La atrajo así cuanto pudo, prescindiendo de la frontera del Duero. Esa frontera era bien real en el siglo X, pero fue inevitable el colocar la acometida y la muerte de los Infantes en Andalucía. Ya un Sumario de Crónicas de España, hecho a fines del S. XIV, decía que los Siete Infantes “fueron muertos cerca de Córdoba”; Hay otros textos que acercan dichas muertes a Córdoba.

Finalmente Menéndez Pidal se alegra de haber restaurado y recuperado esta calleja y habla del bárbaro espectáculo de otras ciudades que destruyen profanan o afean su fisonomía histórica. No sabemos que opinaría en la actualidad que oímos hablar de tantos descubrimientos arqueológicos que se han producido en Córdoba y que no han corrido la misma suerte.

MANUEL ENRIQUEZ BARRIOS:(1877-1956) Fue Alcalde de Córdoba, Director general de enseñanza primaria, presidente de la empresa de autobuses de córdoba, socio del Círculo de la Amistad donde ocupó la presidencia de esta entidad, de la Cámara de la Propiedad Urbana, de la Real Sociedad Económica Cordobesa de Amigos del País además de académico de la Real Academia de Córdoba, siendo por dos ocasiones director de la misma, en la cual, realizó una importante labor.

MANUEL GOMEZ-MORENO MARTINEZ: (Granada 1870-Madrid 1970) Arqueólogo e Historiador. Entre sus muchos estudios está el del arco árabe.

AMBROSIO DE MORALES: (Córdoba 1513-1591) fue un humanista, historiador y arqueólogo español.

ABEN HAYAN: Poeta, historiador, conocedor de las ciencias del Islam (‘alim), jurisconsulto (al-faqih), polígrafo. Nació en Córdoba en el año 994. Murió en Huelva en 1063.  

RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL: (La coruña 13 de marzo de 1869–Madrid 14 de noviembre de 1968) fue un filólogo, historiador, folclorista y medievalista español. Creador de la escuela filológica española, fue un miembro erudito de la generación del 98.  Fue presidente de la RAE en dos ocasiones.

RAFAEL GAGO JIMENEZ:  (Granada 1897-Córdoba 1974) fue hijo del notario, poeta y escritor Rafael Gago Palomo, miembro del castizo grupo literario “La Cofradía del Avellano”, de la ciudad Nazarí, donde compartía sus inquietudes literarias con personajes como Ángel Ganivet, Francisco Villaespesa o Federico García Lorca. Hereda Rafael de su progenitor el amor por las letras, profesionalizándose como periodista.

ENRIQUE ROMERO DE TORRES: (Córdoba 1876-1956) fue un pintor español, hijo de Rafael Romero Barros y hermano de Julio y Rafael, también pintores. A la muerte de su padre en 1895 se incorporó al Museo de Bellas Artes de Córdoba, siendo conservador restaurador hasta 1917 y director del museo hasta 1941, año en que pasó a ser director honorario.

6. Mónica Campillo Ballart:

  • CALLEJA DEL HORNO DE GUIRAL

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El nombre correcto es la calleja del Horno de Guiral y no como reza hoy en el azulejo calleja de Doña Muña que fue puesto por equivocación. Sea como fuere, el rótulo evoca a un clan familiar: Los González de Guiral presentes en la calle de las cabezas durante muchos siglos. Desde el siglo XVI esa familia se erige en la cúspide de la sociedad cordobesa como miembros de la nobleza media, detentadores (detentar: acción que consiste en apropiarse de manera ilícita de algo reteniéndolo y haciendo un uso que no le corresponde a la persona en cuestión).

De un gran poder económico, sin embargo, sus orígenes judíos fueron una constante traba a la hora de aspirar a un cargo en el Cabildo municipal, será finalmente Don Martín González de Guiral el primero de su linaje que tras un largo proceso por aquellos orígenes adquiere el título de Veinticuatro de Córdoba en el siglo XVIII (cargo propio de las corporaciones de algunas ciudades de España, era un cargo equivalente al de un regidor o un concejal, estaba asociado a la nobleza y posición social de quien lo ostentaba).

Los Guiral tenían casas principales al fondo de la calleja, edificio que en parte subsisten y que, según nos dice la tradición en el siglo XIV fueron la morada de Doña Leonor de Guzmán favorita del rey Alfonso XI. Anexo a las casas existió también un HORNO con el nombre que en unión con el nombre de la familia terminó rotulando la calle.

Me llamó la atención la vida de Leonor de Guzmán que no se limitó a ser tan sólo la amante del rey.

Leonor de Guzmán pertenecía a una de las casas aristocráticas más importantes de Castilla, como todas las mujeres nobles, su familia le buscó un buen esposo pero quedó viuda con tan sólo 18 años.

Alfonso XI estaba casado con su prima María de Portugal que debido a su cercano parentesco necesitaron una dispensa papal para poder contraer matrimonio, un matrimonio que nunca gozó de felicidad, María era una mujer de duro carácter, adusta y parece ser poco agraciada. En estas circunstancias Alfonso conoció a Leonor y entabló con ella una relación extramatrimonial que duraría hasta la muerte del monarca.

Con los años Leonor fue convirtiéndose en su principal consejera por lo que fue una de las mujeres más poderosas de Europa. También fue reuniendo un gran patrimonio en buena medida gracias a las donaciones del monarca que solía recompensarla por el nacimiento de cada uno de sus hijos (un total de 10), los distintos señoríos acabó convirtiéndola en una importante señora feudal y provocando la animadversión de nobles que veían peligrar el ascenso del legítimo heredero al trono llegado el momento de la sucesión.

El rey no tuvo inconveniente en mantener dos casas y dos familias pero mientras María de Portugal le dio un hijo legítimo quedó relegada dela vida política y de la corte, Leonor actuaba como si fuera la reina de verdad.

Al fallecer Alfonso XI todo cambiará, María de Portugal sale de esa larga prisión del olvido y desprecio por parte de su marido, a Leonor no le sorprendió que María buscara pronto su venganza. Cuando Leonor viajaba a Sevilla en el cortejo fúnebre del rey fue detenida y encarcelada, sabedora que no le quedaba mucho tiempo hizo su último movimiento como política, buscó una buena esposa para su hijo Enrique que le diera riqueza y apoyo trascendental en Castilla. Enterada María de Portugal trasladó a Leonor a Carmona donde quedó totalmente aislada, un año después dela muerte de Alfonso  XI, María de Portugal ordenaba la ejecución de su eterna rival. Leonor de Guzmán pasó a la historia por ser madre del que iniciara la dinastía de la Casa Trastámara, 18 años después de la muerte de Leonor su hijo Enrique asesinaba a su hermanastro Pedro I en el conocido crimen de Montiel. También Leonor fue un ejemplo de mujer capaz que a base de voluntad y fidelidad consiguió alcanzar un infinito poder y consolidar un linaje en una sociedad feudal que apartaba a las mujeres de cualquier función social y política.

7. Gloria Caballero García:

  • CALLEJA DE LOS MASCARONES

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Esta corta calleja-barrera es afluente de la calle de Julio Romero de Torres. Antes era conocida como de los Mascarones, por ciertas máscaras o grutescos (Adorno Renacentista caprichoso y complejo que representa seres fantásticos con apariencia humana o animal) que se podía contemplar en una fachada renacentista hoy desaparecida. Pero por su cercanía al Arco del Portillo, la calle en cuestión también fue llamada como Calle que va al Portillo.

Durante siglos, en este entorno habitaron muchos mercaderes que trataban con los productos manufacturados en las importantes industrias de Córdoba, como el cuero, las sedas y los paños. Por esta causa, el cercano arco fue llamado Portillo de los Mercaderes. En tal sentido, en cierto padrón de mediados del siglo XVIII, en la calleja-barrera figuran empadronados una familia de corredores de apellido Murillo, así como un tal Antonio Castillejo que disponía de “escriptorio de seda”.

8. Curro Ayllón López:

  • CALLEJA DE LOS RINCONES DE ORO

La imagen puede contener: 3 personas, incluidos Víctor M. Alba Pullana y Carmina Oltra Martinez, personas sonriendo, personas de pie y calzado

LA CALLEJA DE PEDRO JIMÉNEZ, DE LOS RINCONES DE ORO, O EL PAÑUELO.

Es uno de los rincones con más encanto y vírgenes aún de la ciudad. La fiebre comercial se ha quedado en la entrada, a pocos pasos, por eso aún se puede disfrutar de ella, de su frescor, de la sinfonía que genera su fuente, herencia del respeto y admiración de los habitantes del Califato, aunque sea medieval su fábrica posiblemente.

La calle Pedro Jiménez es una calleja sin salida, o azucaque, que parte de la Plazuela de la Concha, en la antigua calle Carniceros, actual Martínez Rücker, por vivir en ella en su tiempo comerciantes de ese gremio. Los azucaques eran calles medievales para dar acceso a casas interiores de las manzanas.

Ahora la calle Pedro Jiménez –que es su nombre actual-, parece que por un vecino que allí vivió, sin tener, creemos, nada que ver con el soldado de los Tercios de Flandes que trajo la famosa uva. También se llamó de Arnold Toynbee, y de los Rincones de Oro, este último nombre se le decía antaño en un tono irónico, por la suciedad que contenía.

Hoy la conoce la gente por la calle del Pañuelo, ya que en su parte más estrecha el ancho lo cubre la diagonal de un pañuelo. Esta calle sólo tiene tres números uno, tres y cinco. La acera de la derecha es la pared de la casa de las Teresianas, cuya entrada la tiene por la Plaza de la Concha.

La imagen puede contener: una persona, sonriendo, exterior

Está rematada por una placita con una pileta cerámica cuyo surtidor en el silencio de la noche se puede considerar como una agradable sinfonía líquida. Tiene un par de naranjos. La calle es un hervidero de turistas por estar dentro del circuito habitual de estos.

Es evidente que la calle tiene un natural encanto y para los foráneos mucho más. Es un rincón agradable que posiblemente los oriundos no valoremos en su justa medida. Hay que visitarla sólo para hacer fotos de ella -no muy temprano- o con el amor de tu vida para gozarla -da igual la hora-, porque a los encantos propios se sumaran otros y la mezcla puede ser inolvidable.

  1. Manolo Millán Montenegro:
  • CALLEJA DEL SALMOREJO CORDOBÉS

Es notoria la amplia y variada gastronomía cordobesa, aprovechando así la dieta mediterránea para la preparación de sus platos. Pero sin duda, el más característico de toda su carta es el salmorejo (cada vez más conocido por todo el mundo).

La imagen puede contener: 4 personas, personas de pie y calzado

Este plato estrella de la cocina cordobesa se ha convertido, a lo largo de los años, en algo más que un simple plato. Es patrimonio para los cordobeses, algo que “no nos pueden tocar”,y ¡ojito! El salmorejo es con tomate, pan majao…y cordobés…que sacamos las garras y lo defendemos como si de la Mezquita se tratara.

Es tanta la importancia del salmorejo para Córdoba y los cordobeses que, el 10 de diciembre de 2015, se inauguró la calleja del Salmorejo Cordobés (anteriormente calleja del Arco), siendo una petición de la Cofradía que lleva su nombre, firmada por muchísimas personas y concedida por el Ayuntamiento de Córdoba.

Se buscó una calle que estuviera en el Casco Histórico y que no tuviera muchas casas para no perjudicar a nadie en cuanto a direcciones. Y por si parecía poco, en la calle se colocó un azulejo con la receta del salmorejo.

Así que como cordobeses, ya sabes, para los que visiten Córdoba no debemos olvidar recomendarles que no olviden pasarse por esta calleja y apuntarse la receta para prepararla en casa.

 

Es de valorar el trabajo de La  Cofradía Gastronómica del Salmorejo Cordobés  que es una asociación sin ánimo de lucro, de ámbito nacional, constituida el 15 de Octubre de 2008 con una vocación decidida a la promoción de Córdoba a través de su gastronomía representada por el salmorejo cordobés.

Desde hace algunos años, muchos de los que vienen trabajando en el sector de la promoción turística de destinos, y en nuestro caso de Córdoba, estamos apreciando que existen marcas turísticas cordobesas que pueden perder sus raíces y con ello una oportunidad básica de promoción universal. Con el objetivo de promocionar la provincia y la ciudad de Córdoba, a través de su gastronomía y usando como el mejor instrumento identificativo el salmorejo cordobés, un pequeño grupo de personas ilusionadas dieron forma a una novedosa idea de ir creando la Cofradía Gastronómica del Salmorejo Cordobés a finales de 2008, siendo la primera investidura de la Junta Directiva, apadrinados por la Cofradía Amigos del Olivo de Baena, el 13 de febrero de 2009.

La Cofradía ha pasado a formar parte de la Federación Andaluza de Cofradías Gastronómicas (FECOAN), de la Federación de Española de Cofradías Enogastronómicas (FECOES) y del Consejo Europeo de Cofradías Gastronómica (CEUCO)

La imagen puede contener: una o varias personas

  1. Víctor Alba Pullana:
  • CALLEJA DE LA IMPRENTA

Introducción en Europa:

En  el siglo XV,  Johannes Gutenberg introdujo los tipos móviles en Europa. El objeto principal de su técnica es el punzón, un paralelepípedo de acero sobre el cual se graba, en relieve y del revés, un signo tipográfico, que puede ser un número, una letra o un signo de puntuación. El punzón crea la matriz dentro de la cual se funden los caracteres, que después se colocan en una bandeja, se entintan y se imprimen en el papel.

¿Cuáles son las tres grandes innovaciones introducidas por Gutenberg?

  • Utiliza, por primera vez, las tintas de base oleosa, más duraderas que las anteriores tintas de base acuosa.
  • Los caracteres tipográficos se vuelven más resistentes, ya que están hechos con una aleación de plomo, estaño y antimonio.
  • Inventa la primera prensa para imprimir, cuyo funcionamiento está inspirado en el de la prensa de uvas.

Tras un año de experimentos, el 23 de febrero de 1455 imprime la «Biblia de Gutenberg», con una tirada de 180 copias.

Introducción en España:

La imprenta llegó a España con cierto retraso respecto a otros países de Europa, debido principalmente a la situación periférica de la península ibérica. La primera imprenta se instaló en España en Segovia en el año 1472 a instancias de Juan Arias Dávilaobispo de Segovia, quien para proporcionar obras impresas a los alumnos del Estudio General de Segovia hizo trasladarse a la ciudad al impresor Juan Párix (Johannes Párix), procedente de Heidelberg (Alemania), unos diecisiete años después de que Johannes Gutenberg sacara a la luz su primer libro impreso, la Biblia de Gutenberg.

Siguiendo el camino iniciado por la imprenta de Segovia, se fueron instalando otras en diferentes ciudades, como BarcelonaBurgosSalamancaSevillaValenciaZamora o Zaragoza, llegando a existir hasta veintiséis diferentes a lo largo del siglo xv.

Está considerado el primer libro incunable español la obra Sinodal de Aguilafuente, escrito en castellano y salido de la imprenta de Párix en Segovia en 1472, que recoge las actas del sínodo que la diócesis de Segovia celebró en el municipio de Aguilafuente en el mes de junio del mismo año. De carácter literario, es considerada la primera el libro Obres o trobes en lahors de la Verge Maria, del impresor Lambert Palmart, que vio la luz en la ciudad de Valencia en 1474, llevada a cabo en valenciano.

Otras piezas salidas de la imprenta inicialmente fueron la bula de Rodrigo de Borja (1473) de la catedral de Segovia, la bula de Guinea (c. 1473) de la catedral de Sevilla o las bulas de doña Isabel de Zuazo (1484) de la iglesia de San Esteban de Cuéllar (Segovia).

Imprenta en Córdoba:

La ubicación de Córdoba convirtió a la ciudad desde los más remotos tiempos en cruce de caminos y por ende de culturas. No vivía sus mejores años cuando la imprenta comenzaba a consolidarse como industria floreciente, por lo que no es infrecuente ver cómo muchos de sus profesionales trasladan sus prensas a otra ciudad, atraídos por la esperanza del progreso o solicitados por algún encargo. No figura ningún nombre extranjero entre los tipógrafos del siglo XVI aquí residentes y tanto éstos como sus herederos del XVII desarrollarán em- presas de no excesiva duración ni relevancia, raramente especializados en algún tema, y sólo en contados casos, los de Gabriel Ramos Bejarano y Francisco de Cea Tesa, tendrán continuidad en sus herederos. Pero no hay que llamarse a engaño: la cercanía de ciudades como Sevilla y Granada con secular tradición universitaria, reconocido prestigio artístico y mayor disponibilidad económica, ejercían de imán irresistible para cuantos querían subir escaños en su aventura profesional, pero aun contando con esta circunstancia, podemos afirmar que Córdoba contó con profesionales dignos que, unas veces por encargo y otras por iniciativa propia, consiguieron no dejar relegada a la ciudad y a sus habitantes de uno de los cauces por los que sin lugar a dudas transcurre la savia de la cultura. No faltan tampoco los llamados por Valdenebro «impresores de un solo parto» —Manuel de Cea y Francisco García, en el siglo XVII— a causa de no aparecer sus nombres más que en una ocasión y nunca en obra de relevancia. También figuraron talleres a nombre de dos viudas, la de Andrés Barrera, Lucía de Leerle, y la de Juan Martín, meras «razones sociales» en virtud de las cortapisas y limitaciones que los gremios impusieron a las mujeres a la hora de regentar un taller tipográfico, no sólo en España sino en el resto de Europa, y así, cuando la imprenta quedaba a cargo de la viuda, obligaban a la mujer o bien a contratar oficiales si el negocio requería la aplicación de la fuerza física, o bien a liquidarlo; eso explica el escaso tiempo que algunos talleres permanecían abiertos tras la muerte del titular, con la consiguiente emigración de útiles a otros talleres, o el frecuente nombre de la «razón social» a menudo tras el matrimonio de uno de los operarios con la viuda. Las obligaciones de las ordenanzas gremiales no fueron derogadas hasta 1790, por lo que hemos de considerar casi excepcional la actividad realmente considerable de la viuda de Andrés Barrera. Fueron las primeras imprentas de carácter ambulante como las de Juan Bautista Escudero, Gabriel Ramos Bejarano, entre otros, con un material escaso y no siempre de excelente calidad, circunstancia que en ocasiones se solventaría con el acopio de otros tipos más nuevos y letrería variada: góticos, redondos e incluso algunos alfabetos griegos. En el tránsito de los siglos XVI y XVII merece reseñar la figura de Francisco de Cea, que encabeza la dinastía de impresores cordobeses a los que vemos trabajando hasta los primeros años del XVIII. Sería continuado por sus hijos Salvador y Manuel de Cea Tesa y su nieto Francisco Antonio de Cea Paniagua, hijo de Salvador. Su producción se centra en sermones y tratados religiosos. Mayor importancia adquiriría el taller en manos de Salvador (1620-1661) «el mejor, y por largas temporadas el único, impresor de Córdoba». La transición de siglos la protagonizarán Diego de Valverde y Lejrva y Acisclo Cortés de Ribera (1684-1706), quienes debieron comprar en sociedad la imprenta al último de los Cea y pasarse dos años preparando y organizando el taller puesto que su primer impreso no llega a ver la luz hasta 1686. La oficina tipográfica cambiaría de nombre en dos ocasiones, la primera en 1701 en que se titularía «del eminentísimo Sr. Cardenal Arzobispo de Córdoba» y a la muerte de éste (el Cardenal Salazar), «de la Dignidad Episcopal». La pobreza y simplicidad tipográfica siguen caracterizando a la producción cordobesa del siglo XVIII y muy raramente pueden encontrarse impresiones que se conviertan en excepción de lo dicho. Bien es verdad que el siglo XVIII dará entrada a una nueva etapa; libreros e impresores comienzan a marcar sus respectivos territorios y no es infrecuente encontrar que en el negocio de la imprenta las figuras del titular que gestiona y la de quienes en su labor profesional se convierten en «regentes» de los talleres, empiezan a estar separadas: podemos verlo en la Imprenta del Convento de San Agustín o Imprenta Agustiniana (1701-1716), la de Juan Ortega y Leon (1727-1738), la de Gonzalo Antonio Serrano, médico y astrónomo (1730-1755), que llegó a contar con 13 regentes mientras tuvo actividad, la muy prolífica del Colegio de la Asunción (1730-1767) que daría fin prácticamente en el momento mismo de la expulsión de los jesuítas, ya que los intentos posteriores de reorganización se verían definitivamente abortados en el motín de 1814, que «destruyó los aparatos y desperdigó por calles y plazas los moldes y letras de un establecimiento más bien “non nato” que “redivivo”» . Igual procedimiento siguieron prácticamente todas las demás imprentas, de las cuales destacaremos por su continuidad y trascendencia posterior la fundada por —Diego Luis García Rodríguez, quien junto con Juan Crespo la había adquirido por traspaso al presbítero Simón Ortega y en la que en el siglo siguiente verían la luz las páginas del Diario de Córdoba. Otro de sus herederos, Juan Rodríguez de la Torre renovaría los tipos siguiendo el ejemplo de los grandes impresores de la época, especialmente de Antonio de Ibarra. Juan Rodríguez conseguiría el título de Impresor Real, siendo su trabajo más importante la segunda parte del Catálogo de los Obispos de Córdoba, de Juan Gómez Bravo (1778). En el cambio de siglo hay que hablar de D. Luis de Ramos y Coria por su especial dedicación a la publicación de romances, estampas. Entrado el siglo XIX y con las tropas napoleónicas ocupando la ciudad, están en funcionamiento las prensas de Rafael García Rodríguez y Cuenca, quien estampará sus pies de imprenta bajo el título de Imprenta Real salvo en los tres años constitucionales en los que pasará a denominarse Imprenta Nacional. Digna de mención es la actividad de este taller en manos de su heredero D. Fausto García Tena (1844-1864), fundador del anteriormente citado Diario de Córdoba, el más duradero y emblemático de esta ciudad. Amante de la literatura, a la que contribuyó con textos tanto en prosa como en verso, mejoró su taller tipográfico al que desde 1864 llamó Imprenta del Diario dotándole de los adelantos técnicos del momento, siendo el primero que incorporó a ellos la primera litografia. Su desaparición tendría lugar en el primer tercio del siglo XX (1938). Importantes también fueron los talleres impresores de Rafael Arroyo, más tarde llamado Establecimiento Tipográfico Arroyo y Compañía (1853…); las Imprentas de la Alborada ( 1860-1862); El Eco ( 1869-1873) de D. Miguel José Ruiz; La Actividad (1873…), la Imprenta y Papelería Catalana (1884…); La Puritana (1888…); La Unión (1892…); La Región Andaluza (1894…) y La Verdad, que empezó trabajando en 1894 con las máquinas procedentes de la Imprenta de La Industria fundada por J . Baldomero Álamo en 1891. Estas últimas imprentas de nombres tributarios de las nuevas ideas progresistas y revolucionarias a la vez que del naciente asociacionismo sindical, continuaron su actividad con mejor o peor fortuna en el siglo XX.

Valdenebro nos dice: «Aunque siempre hubo pocas imprentas en Córdoba, sorprende el que pudieran sostenerse haciendo el número relativamente corto de libros que se encuentran impresos en ellas, y es de creer, como dice mi sabio y bondadoso amigo Don Francisco de Borja Pavón, que ‘darían materia de trabajo á sus talleres los muchos conventos, con anuncio de fiestas, cartas de hermandad y programas de conclusiones; el Obispo y la Catedral, con edictos y tablas de predicación, y el Corregidor, con bandos, circulares, estados y Reales Cédulas.

¿Por qué Calleja de la Imprenta?

La imagen puede contener: 6 personas, incluidos Leonor Fernández Suárez y Víctor M. Alba Pullana, personas de pie

Es de la Imprenta por una que aquí hubo, nos conduce al Paseo de la Ribera, salvando el desnivel existente con una serie de escalones. Pero en su origen era calleja sin salida que iba a parar a una casa corral en la que vivía gente humilde, trabajadores de las empresas textiles y del cuero de Córdoba. Estos artesanos utilizaban los márgenes del río, el agua y sus corrientes para sus labores.

Para llegar aquí hemos pasado por la Alhóndiga, depósito musulmán del trigo hoy desaparecido y convertido en plazuela. Se trata, sin duda, de un paseo agradable que en pleno barrio de la Catedral nos transporta a la Córdoba hispano-musulmana, caracterizada por la quietud, la intimidad y el misterio de sus hogares, protegidos por minias ventanas recubiertas de celosías y estrechas callejas.


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