DE PUENTE A PUENTE Y LEO PORQUE ME LLEVA LA CORRIENTE

Por quinto año consecutivo el Club de Lectura “Leo y Sueño” de la Biblioteca de El Carpio, organiza una ruta por la ciudad de Córdoba con motivo de las fiestas navideñas. Jornada de convivencia entre los socios del club, así como, un motivo para intercambiar experiencias con otras asociaciones, muy especialmente con la asociación de fotografía Enfoque94, con el fin de, a través de la investigación y las lecturas, dar a conocer autores, patrimonio artístico, cultural y natural de nuestra ciudad.

El primer año visitamos El Museo de Julio Romero de Torres y el Museo de Bellas Artes. Durante la temporada de 2014-2015 el Club de Lectura dedicó parte de su tiempo a la lectura compartida de la Feria de los Discretos de Pío Baroja, con lo cuál era imprescindible realizar La Córdoba de Baroja. La tercera ruta estuvo dedicada a las librerías de Córdoba con la ruta denominada Córdoba bravía, más de mil tabernas y una sola librería. La temporada de 2016 al 2017, estuvimos muy cerca de Góngora, a través de su Cátedra con “La tertulia El viaje del Dragón” y su director Joaquin Roses Lozano, surgiendo la idea de conocer al gran literato Luis de Góngora, paseando sus lecturas  por la Córdoba que le vio nacer y morir. La ruta literaria  La Córdoba de GÓNGORA nace para rendir homenaje a Luis de Góngora y Argote, descubriendo la ciudad de Córdoba, fuente de inspiración del artista.

El lugar donde finalizamos la ruta, el Puente Romano, nos inspiró la de este año:

De Puente a Puente y Leo

porque me lleva la corriente

  • Fecha: 13 de enero de 2018
  • Lugar: Torre de la Calahorra, Puentes del río Guadalquivir (Romano y San Rafael), Molinos del río a su paso por Córdoba.
  • Salida de El Carpio: 09:30 h., hotel Macami.
  • Horario: 10:00 a 10:30 h.
  • Lugar de salida: Torre de la Calahorra.
  • LECTURAS:
  1. Juan González: (INTRODUCCIÓN Y UN POCO DE HISTORIA)  

Los Molinos del Guadalquivir son unas construcciones de incalculable valor histórico y etnológico, una muestra importante de la arquitectura preindustrial que se encuentra inmersa en un entorno de gran valor paisajístico y cultural, caracterizando de manera especial el paisaje del río a su paso por la ciudad de Córdoba, y confiriendo una gran relevancia en la memoria identificatoria de la misma. Valores que avalan por sí solos su importancia y que justifican su inscripción como Bien de Interés Cultural, con la tipología de Monumento, según el Decreto 291/2009, del 30 de junio, por el que se inscriben en el Catálogo General de Patrimonio Histórico Andaluz.

Los Molinos del Guadalquivir comprenden once edificios independientes repartidos a lo largo del curso del río que cruza la ciudad. Los denominados Molinos de San Antonio, de Enmedio, Pápalo y de la Albolafia se encuentran situados muy próximos al Puente Romano y están conectados por la azuda árabe de Culeb; mientras que los de la Alegría, San Rafael y San Lorenzo, junto al Puente de San Rafael, comparten y se conectan por la azuda árabe de la Alhadra.

Aguas arriba del casco urbano se encuentran los de Lope García y Carbonell.

El Molino de Martos se sitúa en la margen derecha del río Guadalquivir, cerca de donde estuvo situada la puerta de Martos de la muralla, de donde recibió el topónimo. Aguas abajo del casco urbano de Córdoba, junto al polígono la Torrecilla, se halla el molino de Casillas.

La antigüedad de la mayoría de estos inmuebles se remonta a las épocas omeya y califal como atestiguan las crónicas árabes que mencionan los molinos ubicados en las azudas de Culeb y de Alhadra. Posteriormente, con la conquista cristiana, Fernando III se hace con la propiedad de éstos y los reparte entre las órdenes militares y religiosas, así como entre sus familiares y la nobleza. La mayoría de ellos, durante la época medieval y moderna, quedan en manos de la Iglesia.

La Albolafia, Lope García y de Pápalo pasan al Convento de Jesús y María. El Molino de Martos, igualmente de origen árabe (conocido como Albolabez), fue de la Familia Real, si bien en el siglo XIII se donó a la Orden de Calatrava. El Molino de la Alegría y el Molino de Lope García fueron propiedad del Cabildo. En el siglo XIX, con la desamortización, la Iglesia es expropiada de estos bienes, pasando a ser de propiedad privada, a excepción de la Albolafia, San Antonio y de la Alegría que adquiere el Ayuntamiento de Córdoba.

Desde el siglo XIII hasta 1942 (cuando se prohibió la molienda artesanal) estos inmuebles han seguido funcionando y han sido readaptados a sus distintos usos, experimentando obras de restauración y de transformación. Por tanto, son edificios en los que se aprecia la huella de distintas épocas históricas. 

Casi todos ellos han sido molinos harineros, de los siglos XIII al XVI. Varios de ellos compatibilizaron dicha actividad con la textil, introduciendo en ellos batanes, que respondieran a la demanda de la floreciente industria textil castellana. Aunque el desempeño de ambas actividades en tiempos de sequía entraba en competencia y en pleito por la ejecución en exclusividad.

La mayoría de estos molinos fueron construidos entre los los siglos VII y XI y se movían gracias a la energía hidráulica que generaba el río a su paso. Aceñas y batanes que resultaron fundamentales para el desarrollo de la ciudad durante siglos.

Las aceñas tenían la función de moler harina de trigo, mientras que en los batanes se limpiaban y compactaban tejidos mediante enormes mazos movidos por ruedas hidráulicas. Para que todos estos molinos trabajasen con mayor efectividad el agua se canalizaba mediante azudas o pequeñas presas que aprovechaban mejor la fuerza del río.

En el siglo XIX varios de estos edificios se convirtieron en pequeñas centrales hidroeléctricas. Fue entonces cuando las piedras de moler y los mazos de batanes de las antiguas aceñas fueron sustituidos por las grandes turbinas de hierro fundido. Esta reconversión tuvo una corta duración, pues poco después su suministro resultó insuficiente y se sustituyeron por las grandes centrales asociadas a embalses. Actualmente, salvo el Molino de la Alegría, hoy Museo Paleobotánico de la ciudad, y el Molino de Martos, actual Museo Hidrológico, el resto están inactivos.

Los molinos de la Albolafia, Enmedio, Pápalo y San Antonio se encuentran junto al puente romano, mientras que los molinos de San Lorenzo, San Rafael y la Alegría se encuentran junto al puente de San Rafael. El molino de Martos está algo más alejado, cercano al puente de Miraflores.

       2. Leo Fernández(MOLINO DE SAN ANTONIO)

El Molino de San Antonio se organiza en cinco crujías. La primera la constituye el pasillo de entrada cubierto con bóveda de cañón, que se abre en arco al ábside de proa por un lado y al cuerpo del molino por otro. En el ábside con cúpula de cuarto de esfera, se hallan tres compuertas de cierre de los canales y tres arcos adosados a los muros y sobre pilastras de ladrillo.El cuerpo principal del molino, con bóveda de cañón, se divide en tres tramos. En los laterales se encuentran los poyetes para las piedras de moler, mientras permanece libre el tramo central para comunicar con otro cuerpo paralelo al descrito, en el que están los pasos a los cubos de las piedras laterales y otra piedra central con una ventana delante. En el extremo sudoeste de esta dependencia se encuentra una escalera abierta en el grueso del muro que sube a la planta alta, que es una obra de finales del siglo XIX o principios del XX. Sus muros son de mampostería con verdugadas de ladrillo. La fábrica de este molino muestra signos de diversa cronología. El molino dispone de dos canales aliviaderos, con las guías labradas en piedra negra. Este molino debe su nombre a la imagen que estuvo situada en una hornacina de la fachada de entrada.

En sus últimos tiempos de actividad se dedicó a la molienda de harina para cubrir las necesidades del ejército y en la década de los sesenta del siglo XX se utilizó su planta baja como pequeño “astillero” donde se construían barcas de madera como las que se utilizaban para cruzar el Guadalquivir desde el embarcadero del Paseo de la Ribera, próximo al Molino de Martos. 

Tras muchos años de abandono se inició en el año 2007 su restauración, conjuntamente con la del Puente Romano y aledaños de la Torre de la Calahorra, proyectada por el arquitecto Juan Cuenca.

Durante el festival literario y artístico Cosmopoetíca del año 2009, el Molino San Antonio acogió una macroescultura de libros denominada ‘Biografías’, de la artista madrileña, Alicia Martín. Tras 48 horas de montaje, una espectacular mole de libros de ocho metros de longitud que aparenta fluir por las ventanas del Molino, a la orilla del Guadalquivir.

Junto a ella, un equipo de ocho personas (entre ellas nuestro artista local Miguel Moreno) trabajaron para componer esta macroescultura efímera, que permaneció junto al río durante más de un mes. Taladros, alambres, grúas y otros componentes mecánicos para transformar el libro en otra forma de arte, menos explícito y más conceptual.

La escultura, que contaba con el ensamblaje de dos piezas, tenía una altura de 5,5 metros y se posaba sobre uno de los ventanucos del Molino de San Antonio con el objetivo de «desparramar la mole de libros para llenar el Guadalquivir de palabras»

Compuesta por más de 5.000 libros donados por el servicio de publicaciones del Ayuntamiento de Córdoba y por la Biblioteca Municipal de El Carpio, formando parte del ciclo Cosmoarte, incluido en Cosmopoética 09, intentando combinar la poesía con las artes plásticas. Libros con taras que, antes de ser destruidos, fueron donados para componer la escultura, en la que no se discierne entre lo trascendental, lo fútil o lo mediocre.

Esta obra fue un «homenaje a la poesía desde el libro, contenedor de versos, y también supone una alegoría a las bibliotecas como acumulación de saberes», afirmo la autora, quien cuenta en su haber con quince años de trayectoria artística y varias exposiciones de notable importancia.

      3. Agustín Viudez: (SOTOS DE LA ALBOLAFIA)

Los Sotos de la Albolafia en la Edad Media

El dibujo que introduce la entrada lo realizó Anton Van de Wyngaerde en 1567. El autor pinta un río sin vegetación, salvo en lo que son hoy los Sotos de la Albolafia. La alameda del Corregidor aun no existía, fue sembrada con posterioridad. Sin embargo, la barra de sedimentos que hay entre los molinos de la Albolafia y el Pápalo aparece cubierta de árboles y arbustos. No hay ningún motivo para pensar que el autor se lo “inventara”, máxime cuando es un autor que cuida los detalles.
¿Por qué existía ese bosquete tras el azud? ¿Por ser inaccesible a la gente y al ganado? o ¿por tener algún tipo de uso?. Una descripción de la zona escrita un siglo antes puede ser la clave de la explicación.
“Porque situada entre dos amplísimas planicies ubérrimas y alargadas se ennoblece al sur con el gran Betis, Río famoso que corre a su lado y excusa muchas veces la carencia de peces marinos proporcionando a los ciudadanos excelentes peces.
La arboleda de la ribera y los cañaverales húmedos de la azuda, el junco, la caña1 y el palomo crecen con tal lozanía bañados con tanto verdor que hacen venir desde remotos lugares innumerables bandadas de aves lacustres para disfrutar de su amenidad.
 
Entre los cuales, algunas veces, selectos nobles, queriendo liberarse de sus preocupaciones, se recrean con el solaz de la caza.
Tiene el río una noria de ingente magnitud la cual por la rápida corriente del agua va girando mientras con un movimiento continuo en forma de círculo hace subir las aguas sacadas del río sobre la muralla para regar, conducida por canales subterráneos, el jardín del alcázar real.
¿Quién no se deleita en el vespertino silencio oyendo los chirridos sonoros de su eje recordando la representación de la armonía de los cielos en las esferas de los polos ártico y antártico?
Tienen también dos eximias fortalezas dotadas de un solidísimo fundamento de piedras que resisten los ímpetus de las inundaciones evitando la ruina de los pretiles del antiguo puente situado entre ambas. Por ella los molinos son guardados indemnes bajo la protección de las murallas de tal manera que si alguna vez la ciudad se viera asediada nunca el uso de éstos se le podría impedir.”
Por tanto, no es aventurado pensar que esta isla era usada como cazadero por la nobleza, motivo por el cual se preservara un soto en este lugar.
Sorprende la descripción de la zona por lo bien que refleja hace más de 500 años lo que hoy son los Sotos de la Albolafia, un espacio donde naturaleza y cultura se entremezclan, donde aves procedentes de lugares remotos se mueven entre monumentos milenarios. Con una diferencia, ya no es un lugar exclusivo para selectos nobles, sino un espacio público donde cualquier persona puede disfrutar.
     
      4. Curro(TORRE DE LA CALAHORRA)
En el extremo sur del Puente Romano se levanta la Torre de la Calahorra de Córdoba, enclave de control y defensa desde la antigüedad, mencionada en alguna fuente árabe sobre al-Andalus, y en numerosas referencias históricas desde la conquista cristiana de Córdoba hasta la actualidad. Su arquitectura refleja sus sucesivas remodelaciones. El arco de herradura funcionaría como puerta anexa al puente, y su recinto rectangular flanqueado por torres se reforzaría en el siglo XII.

La Torre de la Calahorra es una fortaleza de origen islámico concebida como puerta de protección ante la ciudad.

Fue reformada por orden de Enrique II de Trastámara para defenderse de su hermano Pedro I. A las dos torres existentes, se le añade una tercera, uniéndose todas ellas por dos cilindros con la misma altura que aquellas. En los sigles posteriores, fue durante un tiempo, cárcel de la ciudad de Córdoba así como escuela de niñas.

Declarada monumento histórico artístico en 1931, más tarde fue cedida al Instituto para el Diálogo de las Culturas  que instaló el Museo de las Tres Culturas, una instalación audiovisual que presenta una panorámica cultural del apogeo medieval de Córdoba, del siglo IX al siglo XIII, basado en la convivencia de las culturas cristiana, judía y musulmana.

En la década del 2000 el monumento fue restaurado con fondos procedentes de la Junta de Andalucía.

A principios del siglo XX fue declarada monumento histórico artístico. Tras variados usos, en la actualidad acoge el Museo Vivo de al-Andalus, sobre la convivencia entre las culturas judía, cristiana y musulmana.

       5. Felisa(PUENTE ROMANO)

El Puente Romano de Córdoba es el puente situado sobre el río Guadalquivir que une el Campo de la Verdad con la ciudad por el Barrio de la Catedral. También conocido como el Puente Viejo, ya que fue el único puente que tuvo Córdoba durante 20 siglos, hasta la construcción del Puente de San Rafael a mitad del siglo XX. Limitado por  Puerta del Puente de 1571, una de las tres que quedan en la ciudad, ( las otras puertas son la de Sevilla y la de Almodovar) y la Torre de la Calahorra que  le sirven de vigilantes pétreos desde hace siglos; estas tres construcciones fueron declaradas Bien de Interés Cultural en la categoría de monumento en el año 1931. Construido a principios del siglo I d.C., durante la época romana, tiene una longitud de unos 336 metros y está compuesto por 16 arcos de los 17 que había originalmente. Fue un importante medio de entrada a la ciudad. Probablemente la Vía Augusta que iba desde Roma hasta Cádiz pasaba por él.

En el mismo podemos encontrar la escultura de San Rafael del Puente Romano, que data de 1651, obra del escultor Bernabé Gómez del Río, después de una grave epidemia de peste que había causado estragos en la población. Se colocó para dar gracias por el fin de la epidemia.

El Puente Romano ha sido derribado y reconstruido en múltiples ocasiones por razones militares, pues muchas veces ha sido escenario de batallas y revueltas. De hecho, sólo el arco número 14 y número 15 (comenzando a contar desde la Puerta del Puente) son originales.

Como nota anecdótica en el año 2002 y con motivo del rodaje de la película Carmen, se cambian las farolas existentes por otras iguales aunque de distinto material. El 9 de enero de 2008 termina la última reforma del puente, y una de las más radicales y que más polémica levantó. Dirigida por el arquitecto cordobés Juan Cuenca Montilla. Para ello se limpiaron los tajamares, se descubrieron los sillares originales, se sustituyó el adoquinado por un suelo liso de granito y se rehabilitó una hornacina existente dedicada a San Acisclo y Santa Victoria. Igualmente, se recuperó el nivel original del extremo norte del puente, enrasado con la Puerta del Puente y el Paseo de la Ribera.

1 de mayo de 2004 cuando se cierra al tráfico de forma definitiva.

LEYENDA

Dos amantes, Acisclo y Victoria, que se tiraron al río en un arrebato de amor: uno era de la zona del Brillante y otro, del Campo de la Verdad, amores imposibles entre nobles y gentes del pueblo llano.

 

LEYENDA URBANA 17- 10 -2007

Circula estos días por Córdoba, la ciudad donde nunca pasa nada, el texto de una leyenda urbana, y dice así: «Según cuentan los vecinos del Campo de la Verdad y de los alrededores de la Catedral, los albañiles que trabajan en la remodelación del Puente Romano relatan fenómenos extraños que acontecen en la obra del monumento.

Entre esos sucesos extraordinarios están: la desaparición constante de losas de granito rosa pulimentado, las continuas filtraciones de un líquido, a modo de lágrimas, entre las grietas de las pocas piedras milenarias que quedan, y la aparición de manchas de sangre en los pretiles del puente. Las filtraciones de lágrimas y las manchas de sangre son eliminadas diariamente para evitar el pánico, sin embargo vuelven a aparecer el día siguiente.

Muy recientemente, en una parte del pretil del puente, se ha visto escrito en latín : quiero que me cambien el nombre. Dado que las obras están cerradas a cal y canto a toda persona no autorizada y los altos cargos de la Junta de Andalucía que las han visitado no son maestros en la lengua latina, se ha decidido consultar a expertos parapsicólogos, quienes han llegado a una conclusión sorprendente:

– el autor de los robos de granito rosa pulimentado y de la aparición de lágrimas y de manchas de sangre, es el propio Puente Romano.

Según el informe de los citados expertos -que no ha sido hecho público por motivos de seguridad-, el Puente Romano llora y exhuma sangre debido a la vergüenza e indignación por el cruel asesinato arqueológico al que ha sido sometido. Tanto es su pesar que su último deseo, manifestado expresamente, es que, al menos, le quiten el nombre de romano, pues de su ilustre denominación ya no le queda nada.

 

¡Oh excelso muro, oh torres coronadas

de honor, de majestad, de gallardía!

¡Oh gran rio, gran rey de Andalucía,

de arenas nobles, ya que no doradas!

¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas,

que privilegia el cielo y dora el día!

¡Oh siempre gloriosa patria mía,

tanto por plumas cuanto por espadas!

¡Si entre aquellas ruinas y despojos

que enriquece Genil y Darro baña

tu memoria no fue alimento mío,

nunca merezcan mis ausentes ojos

ver tu muro, tus torres y tu rio,

tu llano y sierra, oh patria, oh flor de España!

Luis de Góngora 1561- 1627

“Al Alba
la luz nace del agua.
Guadalquivir la trae
pálida.
Empieza siendo un beso,
un ala,
que acaricia y desvela
el alma
de Córdoba dormida,

de Córdoba callada” 

Ricardo Molina, poeta cordobés 1916-1968

      6. Gloria(MOLINOS DE ENMEDIO Y PÁPALO)

Desde el Puente Romano, podemos ver por su proximidad al mismo, en primer término, aguas abajo, el Molino de Enmedio y el Molino de Pápalo, conectados por la azuda árabe de Culeb al Molino de San Antonio y al de la Albolafia.

Decreto 291/2009, de 30 de junio, por el que se inscriben en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como Bien de Interés Cultural, con la tipología de monumento, los Molinos del Guadalquivir, en Córdoba.

Molino de Enmedio

Molino hidráulico situado aguas abajo del Puente Romano. Visto desde el puente es el de la izquierda de los dos situados en el centro del cauce. Actualmente se encuentra casi oculto por la vegetación de los Sotos de la Albolafia. Es también conocido como molino de las Monjas de Jesús y María.

El Molino de Enmedio es de origen medieval. Se trata de un edificio de una sola planta, de dos salas y construido para tres piedras, aunque actualmente conserva dos de ellas. Los fosos de rodezno son visibles con sus espitas laterales y sus canales rebosaderos de desagüe al río. La sala semicircular tiene tres puertas exteriores y se cubre con cuarto de esfera en ladrillo y tiene una escalera adosada al muro que accede a la cubierta aterrazada. La sala rectangular se cubre con bóveda de cañón transversal. Externamente cuenta con un andén adosado al norte y separado por canales de la azuda que comparte con los molinos de San Antonio y de Pápalo. Fue propiedad particular hasta los años 60 del siglo XX y estuvo en funcionamiento hasta mediados de ese mismo siglo como molino de rodeznos. Los muros del molino son de sillería así como parte de la bóveda que se completa con fábrica de ladrillo enfoscado.

Molino de Pápalo

Molino hidráulico situado en el Guadalquivir aguas abajo del Puente Romano. Visto desde el puente es el de la derecha de los dos situados en el centro del cauce. Actualmente se encuentra casi oculto por la vegetación de los Sotos de la Albolafia, constituyendo lugar idóneo para la nidificación de las numerosas aves que pueblan este magnífico paraje natural. Es también conocido como molino de Téllez, molino de Don Tello o molino de Pápalo Tierno.

El Molino de Pápalo está situado en una isla, en medio del cauce del río. De origen medieval, desde la Edad Moderna fue propiedad del Conde del Portillo, no apareciendo consignado ningún otro propietario. En éste pudieron coexistir los dos tipos de maquinaria hidráulica: la rueda horizontal, propia del rodezno, y la vertical, propia de las aceñas. El inmueble se compone de dos edificaciones adosadas y de dos plantas. La planta alta sólo conserva una carcasa de muros modernos con hastial a poniente que se atribuye a la vivienda del molinero. La planta baja cuenta con dos partes diferenciadas, una más espaciosa formada por un molino de dos cámaras, una de forma semicircular y cúpula de cuarto de esfera y otra casi cuadrada donde están las piedras de molienda. A su vez esta segunda dependencia se divide en dos salas, una al sur con dos piedras de molino partidas por la mitad. En la pared norte de la segunda sala se halla una cubierta de bóveda esquifada y al sur de los empiedros se aprecian restos de una rampa empedrada. Al lado del canal se encuentra el rodezno en su foso. La fábrica de los muros es de piedra con grandes sillares en las partes bajas, y la bóveda es de sardinel de ladrillo. Quedan restos del enfoscado de cal en las partes superiores.

Pablo García Baena. Autor del Año 2018

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La comisión asesora del Centro Andaluz de las Letras (CAL) ha acordado por unanimidad en la reunión celebrada ayer en Málaga, proponer como autor del año 2018 al poeta cordobés Pablo García Baena. “Es uno de los autores fundamentales de la literatura andaluza del siglo XX. Destacamos su profunda renovación de la lírica andaluza a partir de su propia tradición poética en la que el barroco dialoga con la modernidad. Fue fundador del grupo “Cántico”, de Córdoba, que dio sus primeros pasos hace setenta años, estableciendo un claro vínculo con la Generación del 27 y, muy especialmente, con Luis Cernuda”,La Consejería de Cultura realizará, a través del Centro Andaluz de las Letras, un programa de actividades que se desarrollará durante todo el año 2018 y que girará en torno a la figura y obra del poeta cordobés.

Nace en Córdoba (Andalucía) en 1923, muere el 14 de enero de 2018. Estudia pintura e historia del arte en la Escuela de Artes y Oficios de su ciudad natal. Hace amistad con poetas locales y a los catorce años lee ya a San Juan de la Cruz, Proust, Juan Ramón Jiménez, Salinas, Jorge Guillén y, sobre todo, a Cernuda. Publica sus primeros poemas y dibujos en la prensa local y en revistas como Gaceta Literaria. En 1947 con otros poetas amigos funda la revista Cántico, en la que reivindica una mayor exigencia formal, estética y sensual que enlace la poesía del momento con la Generación del 27. En 1984 recibe el premio Príncipe de Asturias de las Letras. 

POEMA “RÍO DE CÓRDOBA” de PABLO GARCÍA BAENA

  • Junto al poema que Luis de Góngora dedicó a Córdoba (¡Oh excelso muro, oh torres coronadas / De honor, de majestad, de gallardía!…), el poema Río de Córdoba de Pablo García Baena, es una las composiciones más bellas que jamás se han escrito sobre la ciudad andaluza y el río Guadalquivir. El periodista Pablo Santiago Chiquero narra la siguiente anécdota sobre este poema en el libro Historias del Guadalquivir: “Al poeta Fernando Quiñones  le fascinaba y, una vez, paseando con Jorge Luis Borges por una calle de Nueva York se lo recitó de memoria. El argentino se detuvo, meciendo su bastón y musitando el primer verso entre los labios.
    -“Pasas y estás como una pisada antigua sobre el mármol…” Fernando, que lindo es eso, es casi como lo del griego -dijo Borges en referencia a Heráclito. “En los mismos ríos entramos y no entramos, (pues) somos y no somos (los mismos),
     Platón, como «Ningún hombre puede bañarse dos veces en el mismo río»).

Fernando Quiñones, Nuevo Clásico Andaluz

Por su parte, el autor gaditano Fernando Quiñones, fallecido en 1998, se incorporará a la serie “Nuevos Clásicos Andaluces”, que inauguró el poeta cordobés Ricardo Molina. Se trata de un programa literario similar al de “Autor del año” pero que recupera a grandes nombres de las letras andaluzas ya fallecidos.
La comisión asesora del CAL designa a Quiñones como Nuevo Clásico 2018 al cumplirse el veinte aniversario de su muerte. Además, “Quiñones ofrece una de las trayectorias literarias más originales del siglo XX. En ella, aúna la poesía -con claras influencias anglosajonas-, los relatos, la novela, el periodismo y el ensayo, con títulos como la serie de las Crónicas, ‘Nos han dejado solos, ‘La canción del pirata’ o ‘De Cádiz y sus cantes’, aseguró la comisión asesora. Este aniversario contará también con una exposición pedagógica, catálogo y antología.

Les dejo con su poema “Río de Córdoba”:

Pasas y estás como una pisada antigua sobre el mármol,

y hay en tu fondo un velo de argenterías fenicias,

y en la noche de la Albolafia

surgen de oscuro labio enamorado

las suras como negras palomas implorantes.

Eres el rey, turbio César que se desangra

sobre su propia púrpura de barros,

carne deshecha las rojizas gredas,

y flotas sobre tu huyente melancolía,

y fugaz permaneces

con tus manos de plateado exvoto acariciando

el toro, la columna, el santuario

y los petreos plegados de la estatua.

Tu cuerpo generoso se queda entre los juncos

como en un verde acetre de vegetales oros,

herido entre la zarzas por la voz y la noche

que la guitarra vierte sombría y encelada,

mientras los que se aman, de una orilla a otra orilla,

con la tendidas manos sollozantes hundidas en tu agua,

escuchan silenciosos tu bronco latido solitario

de astro centelleante entre los naranjales.

Brizas la inocente madera de las barcas

y abre un surco de congelado asombro

ante la esteva sacra que guía la bogante rueda de los molinos,

donde descansa erguida

la dorada y bermeja palmera de los Mártires:

el cielo ya en los ojos torcaces de Victoria

y Acisclo como un bello ostensorio labrado.

Tal audaz caminante

que un punto se detiene en la suave colina

y fija la mirada en la ciudad que adora y aleja para siempre,

así tú te remansas por los jardines tristes,

por las torre guardianas, por humildes tejares;

y tu rumor real, que baja victorioso

como guerrero esbelto de laureles

desde la áspera cueva de las sierras natales,

anida dulcemente en la cárdena adelfa

que tu mano intrumenta como roja viola apasionada.

Cuando sube la noche a su ajimez de luna

y el licuor de tus ópalos se agita intensamente,

los jóvenes ahogados del estío

levantan en silencio sus lívidas cabezas

que rotos ungüentarios perfuman de estoraque;

y sus miradas líquidas,

donde engastan los sábalos alhajas cinerarias,

contemplan el ciprés, la celosía, el patio,

los muros con la lepra verde de la alcaparra;

y suspiran y tejen coronas de amaranto,

de granadilla y mirto de hojas chorreantes

que van frescas, intactas, por tus crines undosas

hasta la sien vencida del amante que vive,

a tu orilla, la noche mortal del paraíso.

      7. Agustín Viudez: (MOLINO DE MARTOS)

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Algunas veces, casi a hurtadillas, iban a bañarse, a la única piscina pública de la ciudad, que no era piscina exactamente. Se trataba de una alberca grande, que llenaban con agua de pozo helada y transparente, en una huerta del lejano barrio de las Margaritas: la piscina de Santa Ana. Rústica, casi escondida entre las hojas de higueras gigantes. Entonces, era, junto al río, el único lugar para darse chapuzones los calurosos veranos. (…) Tras el baño, sentados bajo las higueras, los niños huían con la imaginación hacia el río, que llamaba con el atractivo se las prohibiciones severas o demasiado prudentes, porque él había visto en las isletas del Puente Romano y en la orilla, cerca de los eucaliptos, en la Alameda del Obispo, chapalear a niños pequeños que intentaban coger con la mano a los resbaladizos barbos. Bajaban mentalmente por Cuesta de Luján, pasaban delante de la Librería Font (…); Llegaban a Cruz del Rastro, se asomaban por el barandal donde, años después, un domingo, se cayó el autobús, y veían, con envidia, a los nadadores cruzar el río, venciendo la corriente, como las dos humildes barcazas que iban y venían desde el muelle de piedra del murallón de la Ribera, al embarcadero, fabricado con tablones, del barrio suburbial que conocían con el nombre impropio de Villa Cachonda. El imaginario recorrido se hacía envidia absoluta cuando llegaban al Molino de Martos. Desde su terraza, los nadadores más expertos saltaban al río con elegancia olímpica y, al momento, reaparecían, sacudiendo bruscamente la cabeza, y se marchaban, braceando, a los peñones de San Julián. CARMELO CASTAÑO (Córdoba, 1933). De “El río”, en Nuestra Ciudad. Apuntes del recuerdo y las cosas. Segunda edición. Córdoba 2015.

      8. Carmina: (PUERTA DEL PUENTE)

La actual Puerta del Puente se sitúa en un enclave donde antaño también se localizaron puertas romanas así como musulmana (Bab Alqantara, Bab al Wadi, Bab al Yazira o Bab al Sura). En época romana unía la ciudad con el Puente Romano y la Via Augusta.

En el siglo XVI, el ayuntamiento decidió dotar a la ciudad de una mejor puerta debido al estado en que se encontraba la que se existía desde hacía siglos. De esta manera el 18 de febrero de 1572. el ayuntamiento del Corregidor Licenciado Arteaga acuerda construir la Puerta del Puente.

Los motivos esgrimidos fueron principalmente que era una de las puertas más principales de la ciudad, (era por tanto la que recibía más trasiego de personas y aprovisionamientos), y la necesidad de agrandarla y embellecerla. Los motivos renancentistas en la construcción de la puerta, fueron fuertes entre las autoridades de la ciudad, debido al interés por adecentar en su medida la ciudad.

La Puerta del Puente la comienza Francisco de Montalbán aunque pocos meses después es Hernán Ruiz III el que se hace cargo de la obra, debido a la duda que el diseño que cobraba la puerta fuera diferente al esperado. De esta manera la Puerta casi triplicó el presupuesto inicial (de 1.400 a 3.100 ducados). Sin embargo, parece ser que la obra quedó parada durante un cierto tiempo en su inicio hasta prácticamente cuatro años después, hasta el año 1576, donde Hernán Ruiz continuó con su trabajo. Sin embargo, debido posiblemente al endeudamiento del ayuntamiento y la falta de fondos, la misma quedó inconclusa.

Liberada de las construcciones adyacentes en 1912, se reconstruyó en 1928, durante el mandato del alcalde José Sanz Noguer, y a manera de puerta conmemorativa (durante unos años se llamó Arco del Triunfo), repitiéndose por el lado interior la parte exterior. A finales de los 50 se rebajó el nivel del terreno circundante hasta recuperar la rasante original

A principios del siglo XXI, se procede a una primera limpieza de la Puerta del Puente, además que se realizan unas catas arqueológicos en el subsuelo de la misma. Por otra parte en el año 2005, comienzan las obras de remodelación completa de la Puerta del Puente, dirigidas por el arquitecto cordobés Juan Cuenca Montilla. Estas se terminan a principios del año 2007, procediéndose a su reapertura como espacio de exposición de la ciudad y como mirador hacia el río.

      9. Carmen Villa(NORIA Y MOLINO DE LA ALBOLAFIA)

El Molino de la Albolafia es uno de los más bellos y el más emblemático del conjunto de molinos hidráulicos, debido sobre todo a su noria de grandes dimensiones, que figuró en el sello distintivo del Consejo en el siglo XIV (14) y se integró en el actual escudo de la ciudad de Córdoba. Hay referencias documentales al molino desde finales del siglo VIII(8) y estuvo en uso hasta que la reina Isabel la Católica ordenó su desmontaje en 1492 (por que en el silencio de la noche hacía mucho ruido y le molestaba).

Su nombre, tal como lo conocemos hoy día, es probable que derive de uno de sus propietarios el linaje Cabrera, propietaria también del señorío de la torre y cortijo de la Albolafia, situado en la campiña cordobesa cerca de Bujalance. En 1575, los molinos de la Albolafia ya habían cambiado su sistema al de regolfo, aunque los cambios en el edificio debieron ser mayores en el siglo XVII (17). El Catastro de Ensenada indica en 1752, “un molino nombrado de la Albolafia por bajo del Puente mayor”. A pesar de todos estos cambios documentados a lo largo de su historia, el aspecto exterior del molino permaneció prácticamente invariable entre los siglos XVI(16) y XIX (19). pues si comparamos el dibujo que Wyngaerde hizo de él en 1565 con los grabados de David Roberts fechados en 1832 o las fotografías anteriores a 1900 podemos apreciar que en todos los casos el molino está formado por dos edificios (el de Albolafia, rematado en forma de ábside en su extremo oriental, que es el que todavía existe; y el de Escalonías, situado a su costado norte y que desapareció al construir la avenida del Alcázar) alojados bajo los restos del acueducto de la noria, que conservaba tres arcos hasta el año 1900. Desde 1910 el molino quedó reducido a la parte que actualmente vemos.

En 1914 el Estado pasó a ser propietario de la finca y en 1955, de forma definitiva, la Hacienda Pública lo cedió gratuitamente al Ayuntamiento de la capital, representado por su alcalde Antonio Cruz Conde, y a partir de ahí se procedió a la instalación de la noria por el arquitecto Félix Hernández (1960). Nuevamente restaurada en 1977, la noria sufrió un incendio en 1993; recuperándose un año después por los alumnos de la escuela taller del Alcázar de los Reyes Cristianos. (Serrano le vendió la pintura)

Arquitectónicamente este molino es una amalgama de restos de diversas épocas. La parte más antigua parece ser de época medieval, y corresponde a los restos de un acueducto almohade. Este edificio, además de su función de riego, sirvió de punto vigía y defensivo. De la factura árabe del conjunto ha habido varias reconstrucciones. En el s. XVI se convierte en molino harinero y batán y sus nuevos propietarios, la Orden de Jesús y María, hicieron grandes obras, como la construcción de la proa cilíndrica y la nave que alberga dos piedras y sus correspondientes cubos de rodezno. Bajo las torres desmochadas se pusieron las piedras de molino. Desde la reforma de 1960 hasta la actualidad, éste consta de una nave con una parte rectangular cubierta con forjado moderno con paso transversal de bóveda de cañón y un ábside cupulado con arco toral que presenta proa al río, donde se encuentra una escalera de terraza alojada en el muro. Sobre la terraza suben dos muros en ángulo con arquerías. El muro sur cuenta con un arco de medio punto y tres de menor anchura en forma trebolada gótica sobre ménsulas con un característico rollo en nácela. Sobre estos arcos, el muro tiene imposta resaltada que indicaría el nivel del acueducto. La construcción es de sillería salvo en la arquería de herradura donde se mezcla con ladrillo. Estuvo dedicado a la molienda durante todo el siglo XIX.

Resultado de imagen de Albolafia siglo XIX. Grabado de David Roberts, 1832.Albolafia siglo XIX. Grabado de David Roberts, 1832.

Resultado de imagen de Albolafia siglo XIX. George Vivian, 1838
Albolafia siglo XIX. George Vivian, 1838

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Molino de la Albolafia (Hauser y Menet)

Escudo

En 1241, el Rey Fernando III manda y otorga que el Consejo de la ciudad tenga su propio sello ”conocido y comunal para todos”, según vemos en el Fuero de Córdoba, que además regula el funcionamiento político y jurídico de la ciudad de Córdoba.

Mando etiam et concedo quod concilium Cordubense habeat sigillum cognitum et comune

Texto original en latín del Fuero de Córdoba de Fernando III

Mando y otorgo que el Consejo de Córdoba tenga su propio sello conocido y comunal para todos

El escudo es una vista del puente romano sobre el río Guadalquivir, con la noria de la Albolafia a la izquierda con la muralla y la puerta del puente sobre este; y la torre de la Mezquita-Catedral flanqueada por tres palmeras y algunas edificaciones al fondo.

Entre los siglos XVI y XX se utilizó en la ciudad el actual escudo de la Provincia de Córdoba, hasta que en 1983 se retomó el anterior escudo diseñado por el Consejo de Córdoba en 1241.

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En la actualidad, también existe un logotipo que es usado por el Ayuntamiento que es una simplificación del escudo de la ciudad.Resultado de imagen de logotipo ayuntamiento cordoba

      10. Felisuca:  (PUENTE DE SAN RAFAEL)

   Bienvenidos todos al Puente de San Rafael, más conocido por todos como “Puente Nuevo”.
Mi nombre es Amadeo Ruiz Olmos, escultor valenciano que llegó a Córdoba para ocupar la cátedra de dibujo de la Escuela de Artes y Oficios Mateo Inurria”. Aquí monté mi taller y desarrollé mi oficio durante muchos años.
Lo primero que os habreis preguntado es ¿Por qué estoy yo aquí contándoos esto?
Os voy a confesar un secreto: Estoy de casualidad.
Estaba Felisuca, buscando algo, que relacionara este Puente, con El Carpio; y la verdad es que no encontraba nada. Pero por lo visto un tal Miguel Moreno, artista también como yo, le dió la CLAVE. Por lo visto le puso en el facebook, que la imagen del custodio que podeis ver a la cabecera del puente, la había hecho yo, como también había hecho la imagen de uno de los pasos más importantes de la Semana Santa de El Carpio, el Prendimiento… Vaya que si…, parece que fue ayer cuando me encargaron los dos trabajos. Buena gente la gente de El Carpio, y bueno pagadores también. Y ahí teneis a la señora, “don erre que erre”, me tenía el móvil bloqueado con los whatsapp. ¡Que tenía que ser yo quien estuviera aquí hoy para recibirlos! ¡Qué pesada la tía! En fin…, que por no escucharla cogí mi gorra y me vine para el puente. No me podía negar.
Pero vamos que sepáis ustedes que yo soy la segunda opción, que ella invitó primero a Don Fernando Suares de Tanguil y Angulo, sí, sí, sí, el mismísimo Conde de Vallellano, ese que fue un importante ministro de Obras Públicas, sí, sí, sí,… Ese que tiene la Medalla de Oro de la Ciudad y el ayuntamiento lo hizo hijo adoptivo.
Ja, ja, quería que viniera ese, con la agenta que tiene el Conde, pero además que lo acompañara su yerno, el que se casó con su hija Guadalupe. Sí, ese que fue alcalde de Córdoba, también por ese tiempo: Antonio Cruz Conde, ese.
Pero vamos que se ha quedado con las ganas porque esos dicen que no vienen.


Ella los quería invitar para estuvieran aquí hoy porque entre los dos, en los años 50,se pusieron de acuerdo y pensaron que había llegado el momento de romper la soledad y la hegemonía histórica de su hermnano mayor : El puente Romano, después de 2000 años de trabajo. Y es que hasta la fecha, como ya sabeis, para acceder al sur por la capital, solo existía el paso elevado romano.
En fín…, que atendiendo a las necesidades de comunicación, de la ciudad; y sobre todo para dar paso al progreso; el alcalde Antonio Cruz Conde, y su suegro el ministro. Hicieron realidad el proyecto en 1953.
Pero vamos que ellos dicen que no vienen. El otro día le pusieron en un whatsapp, que “nanai de la china”, “que no vienen”. Es que ha picado demasiado alto, y aquí me teneis a mí como segundón.
¿Y quereis saber ustedes por qué no han querido venir?
Por lo visto alguien había puesto en un grupo de whatsapp que tienen ellos que la Comisión Municipal para la Memoria Histórica, del nuevo ayuntamiento de Córdoba, ha decidido la eliminación del nombre de 15 calles cordobesas en cumplimiento de la legislación vigente. Y es que resulta que entre las calles está, la Calle Cruz Conde y la Avda Conde de Vallellano.


Y es que lo cordobeses parece que tienen muy mala memoria; ya olvidaron aquellos maravillosos años de la postguerra. Tras solo tres añitos de “corta guerra”, si es que se le puede poner ese
adjetivo a alguna guerra; los cordobeses vivían, “como podían”; pero vivían. Eso sí, en las fotografías de la época salen fatal: cuerpos endebles que reflejaban hambre y carencias. Y eso que comían pan, ¡200 gramos diarios!, eso sí; el pan ya no era blanco. Y se le seguía contando a los niños el cuento de Caparucita Roja, pero ahora era Caperucita Encarnada, que estaba mejor visto. Y el hambre se podía matar fumando, que había tabaco aunque también estuviera racionado. Lo peor fue que el café fue sustituído por la malta, uff…,por aquello de la Autarquía y aquello de que el país tenía que ser autosuficiente.
Teníamos hambre, pero… ¡teníamos un Nuevo Puente!.
-8 arcos de 25 metros de luz. -217 metros entre estribos. -18,5m de anchura repartidos en 2 aceras y ¡¡¡¡4 carriles!!!!
En aquella época fue el puente más ancho de España. 
Y aquí lo tenemos hoy al pobre, con más de 64 años a sus espaldas y que nadie quería venir hoy a presentarlo a estos señores de El Carpio.
Y algo de resquemor tienen que tener el señor Conde y el señor Ministro también por la anecdota ocurrida en este puente en el 2004: Las placas conmemorativas de la inauguración del Puente desaparecieron misteriosamente; sin que nadie haya aclarado hasta ahora si se trató de un robo o de una retirada oficial. El 29 de abril de 1953 fue inaugurado este puente durante la visita del dictador a la ciudad cordobesa. Este día fue su esposa Carmen Polo la encargada de descubrir una de las lápidas conmemorativas que en 2004 se volatilizaron completamente. En las placas, que estaban las dos entradas al puente, podía leerse: “S.E. El Jefe de Estado y Generalisimo de los Ejercitos, Francisco Franco Bahamonte, inauguró este puente el 29 de abril de 1953”.
En fín…, que yo estoy aquí porque una vez construido e inaugurado: no sé si por casualidad, por el nombre del puente; o por retomar la antigua tradición de consagrar las entradas y salidas de la ciudad con la protección del custodio… Me llamaron a mí, y me encargaron esta imponente obra que tenéis delante:


Hoy vamos a ser testigos de un momento mágico: La imagen del Arcangel que siempre mira implacable al sur, y se alza sobre una recia columna con sus tambores en relieve y capitel de estilizadas hojas de loto; Solo hoy, el último triunfo que la ciudad ofreció a su custodio, mira de reojo hacia el este, hacia el pueblo de El Carpio, que vino a visitarlo, y hacia la imagen de su Prendimiento. Si nos fijamos bien, ambas figuras cruzan hoy sus miradas en el tiempo; por eso tenía que estar hoy hoy aquí, que fui el artista que insufló alma a las dos obras.
Por eso, no me podía negar…Y aquí os lo presento, entre todos le rendimos pleitesía, a punto ya de cumplir 65 años, dice que no piensa jubilarse todavía y sigue altanero, elegante, moderno y resistente. Ha dejado ya de ser el puente de los atascos; pero con la frialdad que le da el gris de su cemento; me ha dicho susurrando que le gusta que le sigan llamando el puente Nuevo; aunque hayan nacido ya 4 hermanos menores, que sin polémica también, pero cada uno a su manera, le han permitido que le llegara un poco de descanso. Pero eso forma ya parte de otro cuento.

  11. Manoli Lorente(JARDÍN BOTÁNICO Y MOLINO DE LA ALEGRÍA)

Historia

El Jardín Botánico de Córdoba se fundó en julio de 1980, a iniciativa de un grupo de profesores de la Universidad de Córdoba, el Ayuntamiento acordó destinar un terreno de 5,5 hectáreas a orillas del Guadalquivir, para la construcción de un jardín botánico.

En 2012, coincidiendo con el 25 aniversario de su inauguración, recibió el título de Real, otorgado por el rey Juan Carlos I, por lo que cambió el nombre a su actual denominación de Real Jardín Botánico de Córdoba.

Museo de Etnobotánica

El Museo de Etnobotánica se encuentra situado dentro de las instalaciones del Jardín. El enfoque de este museo es enseñar cómo las culturas tradicionales, y especialmente la de los pueblos indígenas de América, han tenido una amplia relación con el mundo vegetal así como en la generación de conocimiento que estos han realizado sobre las utilidades de las especies, formas de explotación y aprovechamiento, así como la mejora y selección de muchos cultivos a través de cientos de generaciones.

El museo consta de tres salas de exposición permanente en las que se estudian las diferentes modalidades en la interacción humanidad/planta mediante una gran variedad de objetos etnobotánicos, módulos instalados con sistemas de transiluminación, piezas, paneles interactivos y documentación gráfica, para acabar con una reflexión sobre la transcendencia de la conservación de la biodiversidad del planeta. La cuarta sala está dedicada a exposiciones temporales.

Museo de Paleobotánica Resultado de imagen de jardin botanico de cordoba molino de la alegria

Se encuentra en el antiguo molino de agua llamado Molino de la Alegría, un edificio con elementos medievales y renacentistas que se encuentra en el borde del río. La exposición presenta la evolución de las diferentes floras que han existido a lo largo de la historia de la Tierra, desde el Devónico hasta el Cuaternario. La colección, está formada por 150 000 piezas, la mayor parte de ellas recolectadas en la península ibérica, y cuyo fondo inicial procede de la donación del especialista en paleobotánicaRoberto Wagner.​

La exposición se distribuye temáticamente. Además de la muestra de fósiles vegetales ordenada según el tiempo geológico, se exponen vitrinas sobre la interacción entre plantas y animales, productos vegetales fósiles de uso por el hombre (como el ámbar o el carbón), las maderas fósiles y los tipos de reproducción vegetal. Destaca la muestra del yacimiento carbonífero de Puertollano, preservado por una lluvia de cenizas volcánicas, calificado por Montero y Wagner como la «Pompeya paleobotánica», que incluye una recostrucción a tamaño natural de un ejemplar de Omphalophloios, una licofita arbórea, de la que además se exponen los fósiles de todas las partes anatómicas que han servido para reconstruirla.​

En el exterior del Museo se complementa la exposición con el «Bosque de Piedra», una muestra de grandes ejemplares fósiles de troncos y frondes de helechos.​

 


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